28 Oct

Diego Gastón Sfardini cumplirá en Diciembre sus 33 años. Papá de un hijo de un año y ocho meses, permanece internado desde el 20 de Mayo en una cama del Hospital Argerich a la espera de un corazón, el cual necesita para seguir viviendo.

Diego es de Campana. Es cocinero profesional y estudió fotografía en la UBA. Llegó a exponer parte de sus trabajos en el salón Ronald Nach del Edificio 6 de Julio, el año pasado. Actividades que realizaba cuando llevaba una vida medianamente normal, pese a los problemas de salud que lo ponen a prueba desde los 14 años.

Allá por 1998, un examen físico advirtió un soplo en el corazón. Tras una derivación al Hospital Garrahan, fue sometido a una cirugía de Ross. No sería, lamentablemente, la única intervención que tuvo que afrontar. Al año de la operación, la válvula aorta no resistió y eso derivó en una segunda intervención, en la cual le colocaron una válvula mecánica. Medicina y tratamientos mediantes, Diego tuvo una vida “casi” normal durante 11 años. Arritmias y taquicardias de alta frecuencia disipadas en el tiempo, lo sometieron a una cardioversión eléctrica con un desfibrilador para resetear la parte eléctrica del corazón en 2010.

Sin embargo, en noviembre del 2015 los episodios incrementaron su intensidad y Diego quedó internado. Una simple caminata, o un fuerte cambio de ánimo, lo dejaban al borde del infarto. “Ablación con navegación 3D” sería el nombre del procedimiento necesario para su enfermedad, el cual requería de unos parches importados que se colocan en el pecho. Por supuesto, el Hospital no contaba con esos insumos, y el joven, a su vez, carecía de obra social.

Pero Diego no bajó los brazos y aguantó. Tres meses después de haber realizado el pedido al Ministerio de Salud, pasando cumpleaños, navidad, año nuevo y el primer año de su hijo, con la fragilidad e inconvenientes que su situación le imponía: “Más allá de cómo me sentía, lo que más me afectó fue no poder hacerle upa a mi hijo, o salir a caminar con él, ni poder trabajar para generar recursos para mi familia” comenta el protagonista de la historia.

En febrero, los famosos parches llegaron y la operación se concretó. Fue un éxito, pero a esta vida de película aún le faltaba una vuelta de tuerca más. Durante la intervención, los médicos descubrieron una aneurisma muy grande en la aorta ascendente, que requeriría otra intervención de alto riesgo.

“Cuando me operaron a los 15 años por segunda vez, dije que nunca más en la vida me iban a abrir el pecho. Que prefería vivir hasta que me aguante el corazón. Pero con un hijo es muy distinta la cosa, no quiero estar en mi casa y morirme por hacer una mala fuerza o un esfuerzo, así que por él aguanto todo esto, y me llena de pilas cada vez que lo veo” cuenta quien se muestra entero, dando la que espera sea la última pelea para retomar su vida “casi” normal.

Durante unos tres meses, hubo conferencias médicas y ateneos analizando el “caso Sfardini”. Estudios costosos, cónclaves interminables, dieron un veredicto: sería necesario un trasplante de corazón. “Me tuve que hacer todos los estudios pre trasplante viajando de Campana al Argerich y al hospital Durant para hacer estudios de compatibilidad. Una vez que tuve todo me vine a internar, y entré en lista de espera” relata Diego, aún desde la misma cama donde la historia debía empezar a terminar.

Desde el 20 de mayo espera un donante que no aparece. “Solo puedo esperar. No puedo trabajar ni hacer muchos esfuerzos. Desde noviembre no laburo, con todo lo que eso conlleva como padre, siento una impotencia enorme de no poder darle a mi hijo lo que se merece” resume Diego su mayor preocupación. Como si todo lo que le pasó y pasa, fuera secundario.

Una vez a la semana se encuentra con su hijo y la mamá de éste. Su papá lo visita día por medio. Amigos y familiares también lo frecuentan, cuando les es posible. “Es complicado estar acá, ves muchas cosas, la cabeza piensa mucho, y se te derrite literalmente la mente por no tener vida y ver todos los días la misma rutina en el sector de cardiología”.

Sin embargo, Diego no está dispuesto a aflojar. Escribió en sus interminables ratos libres, un escrito que se viralizó por las redes sociales, y caló profundo principalmente en sus vecinos. ¿El propósito? Contar aquello que hoy es su vida, invitándonos a vivirla al menos por un instante, para así comprender y valorar eso que Diego hoy no tiene, y pensar en la importancia de donar los órganos. Un acto de amor que va más allá de la vida.

Mientras Diego espera, nosotros lo hacemos con él. Será (como ya nos confirmó) jurado en la próxima edición de nuestro concurso fotográfico Veo Veo. Le quedan por delante mil paseos y todos aquellos momentos que aún posterga junto a su familia. Seguramente, todo pasará pronto, porque mucho ya pasó desde que él comenzó con su pelea. Mientras tanto, seguirá “Esperando EL corazón”.

ESPERANDO “EL” CORAZON

Vi por mi ventana los arboles pelados y los arboles llenos de hojas y flores, vi gente de campera y bufanda y ahora de remera o en cuero, vi gente comiendo locro adentro y comiendo picada con cerveza afuera, vi palomas acurrucadas de frio y palomas enamorándose y haciendo sus nidos para sus pichones en primavera, vi personas normales y quejándose de pequeñeces, y personas no haciendo nada.

Vi una copa américa y una olimpiada adentro.

Vi residentes convertirse en médicos, y médicos, enfermeros, camilleros, técnicos, camareros, empleados de limpieza, y compañeros convertirse en mis amigos.

Vi semillas convertirse en plantas, vi gente que la peleo y salió y gente que no la peleo o no pudo pelearla y no salió. Vi gente que se fue de alta y jamás volvió y gente que volvió. Vi morirse amigos, y vi morirse gente a lado mío, vi sangre, resucitaciones de más de 45 minutos. Vi el baño sucio y limpio, vi gente con vocación y gente con obligación, vi gente trabajar con pocos recursos y gente llevarse los pocos recursos que hay.

Pensé mil veces que para que un hospital público funcione como debería y tenga todo lo que se necesita, con una simple ley que obligue a los políticos a atenderse solo en hospitales públicos se solucionaría, pero eso no va a pasar y mientras tanto solo veo carencia.

Vi compañeros esperar meses por un sten o un simple by pass y gente morirse en la espera por falta de camas.

Pasaron muchos compañeros y con muchos compañeros nos hicimos amigos, vi gente quejarse y gente agradecer y ayudar. Vi más profesionales que gente y sobre todo profesionales muy buena gente.

Probé comida rica y comida fea, vi el calefactor prendido y apagado, vi amanecer a las 8 y amanecer a las 6 de la mañana.

Regale muchas plantas y también vendí plantas. Tome pastillas de todos los colores, estuve conectado a un suero y desconectado también. Aprendí a hacer electrocardiogramas y a sacar sangre, también aprendí que los cactus con el agua se llevan muy bien y crecen más.

Sume, reste, abrase gente que lo necesitaba y me abrazaron cuando lo necesite.

Leí libros, diarios, Facebook. Escuche música fuerte y música con auriculares, saque fotos y borre fotos. Tome agua baja en sodio y tome gaseosa.

Ayude y no ayude, me queje, agradecí, hice mucho y no hice nada. Estuve ansioso y tranqui, de muy buen y de muy mal humor. Espere y desespere. Llore y me reí. Hubo gente que se acordó y gente que no se acordó ni se acuerda. Amigos que vinieron y amigos que no.

Escuche y no escuche. Tome consejos y no los tome. Subí y baje de peso. Vi gente buena y gente no tan buena, preste y me prestaron, convide y me convidaron, jugué y mire. Aconseje, escuche.

Dormí con la puerta abierta y con la puerta cerrada.

Felicite y critique, subí y baje, entre y Salí, me desvele y dormí

Me ayudaron mucho, pero mucho. Me cuidaron me atendieron y se preocuparon.

Simpatice y no simpatice.

Nunca me sentí un número, siempre me sentí y me llamaron por mi nombre, siempre fui y soy Diego.

Tuve frio y tuve calor, tuve miedo y tuve coraje.

Veo a las personas que amo seguido y veo que me acompañan, me dan fuerzas y me alientan a seguir, me dan consejos y me llenan de energía y buena onda. A ellos, a los amigos, conocidos, y a muchas personas q se enteran de mi caso y a todos los que laburan acá y me dan fuerzas y aliento para seguir, mis más sinceras GRACIAS!!!

Veo a mi hijo crecer una vez por semana, a aprender palabras q no pude enseñarle. Lo vi reírse conmigo y llorar cuando nos despedimos sin poder hacer nada.

Extrañe, siempre extrañe.

Y un millón de cosas más…

Espero, solo sigo esperando. Otra no me queda. Pero espero ya haber transitado más de la mitad de esta experiencia. Y que un día despierte con mi hijo a mi lado y esto solo sea un recuerdo, una experiencia y una enseñanza.

Fuente: http://www.campananoticias.com/noticia/39991/diego-lucha-por-seguir-viviendo-y-espera-un-corazn-desde-hace-cinco-meses