14 Mar

Tras esperar nueve meses un donante, finalmente pudo concretarse el trasplante que le permitirá seguir viviendo. Durante todo ese tiempo, estuvo internado en CABA, imposibilitado de desempeñarse normalmente. Emotivo reencuentro con su hijo y sus afectos. “Esto es un ejemplo de que donar salva vidas” contó.

ESPERANDO “EL” CORAZON

Vi por mi ventana los arboles pelados y los arboles llenos de hojas y flores, vi gente de campera y bufanda y ahora de remera o en cuero, vi gente comiendo locro adentro y comiendo picada con cerveza afuera, vi palomas acurrucadas de frio y palomas enamorándose y haciendo sus nidos para sus pichones en primavera, vi personas normales y quejándose de pequeñeces, y personas no haciendo nada.

Vi una copa américa y una olimpiada adentro.

Vi residentes convertirse en médicos, y médicos, enfermeros, camilleros, técnicos, camareros, empleados de limpieza, y compañeros convertirse en mis amigos.

Vi semillas convertirse en plantas, vi gente que la peleo y salió y gente que no la peleo o no pudo pelearla y no salió. Vi gente que se fue de alta y jamás volvió y gente que volvió. Vi morirse amigos, y vi morirse gente a lado mío, vi sangre, resucitaciones de más de 45 minutos. Vi el baño sucio y limpio, vi gente con vocación y gente con obligación, vi gente trabajar con pocos recursos y gente llevarse los pocos recursos que hay.

Pensé mil veces que para que un hospital público funcione como debería y tenga todo lo que se necesita, con una simple ley que obligue a los políticos a atenderse solo en hospitales públicos se solucionaría, pero eso no va a pasar y mientras tanto solo veo carencia.

Vi compañeros esperar meses por un sten o un simple by pass y gente morirse en la espera por falta de camas.

Pasaron muchos compañeros y con muchos compañeros nos hicimos amigos, vi gente quejarse y gente agradecer y ayudar. Vi más profesionales que gente y sobre todo profesionales muy buena gente.

Probé comida rica y comida fea, vi el calefactor prendido y apagado, vi amanecer a las 8 y amanecer a las 6 de la mañana.

Regale muchas plantas y también vendí plantas. Tome pastillas de todos los colores, estuve conectado a un suero y desconectado también. Aprendí a hacer electrocardiogramas y a sacar sangre, también aprendí que los cactus con el agua se llevan muy bien y crecen más.

Sume, reste, abrase gente que lo necesitaba y me abrazaron cuando lo necesite.

Leí libros, diarios, Facebook. Escuche música fuerte y música con auriculares, saque fotos y borre fotos. Tome agua baja en sodio y tome gaseosa.

Ayude y no ayude, me queje, agradecí, hice mucho y no hice nada. Estuve ansioso y tranqui, de muy buen y de muy mal humor. Espere y desespere. Llore y me reí. Hubo gente que se acordó y gente que no se acordó ni se acuerda. Amigos que vinieron y amigos que no.

Escuche y no escuche. Tome consejos y no los tome. Subí y baje de peso. Vi gente buena y gente no tan buena, preste y me prestaron, convide y me convidaron, jugué y mire. Aconseje, escuche.

Dormí con la puerta abierta y con la puerta cerrada.

Felicite y critique, subí y baje, entre y Salí, me desvele y dormí

Me ayudaron mucho, pero mucho. Me cuidaron me atendieron y se preocuparon.

Simpatice y no simpatice.

Nunca me sentí un número, siempre me sentí y me llamaron por mi nombre, siempre fui y soy Diego.

Tuve frio y tuve calor, tuve miedo y tuve coraje.

Veo a las personas que amo seguido y veo que me acompañan, me dan fuerzas y me alientan a seguir, me dan consejos y me llenan de energía y buena onda. A ellos, a los amigos, conocidos, y a muchas personas q se enteran de mi caso y a todos los que laburan acá y me dan fuerzas y aliento para seguir, mis más sinceras GRACIAS!!!

Veo a mi hijo crecer una vez por semana, a aprender palabras q no pude enseñarle. Lo vi reírse conmigo y llorar cuando nos despedimos sin poder hacer nada.

Extrañe, siempre extrañe.

Y un millón de cosas más…

Espero, solo sigo esperando. Otra no me queda. Pero espero ya haber transitado más de la mitad de esta experiencia. Y que un día despierte con mi hijo a mi lado y esto solo sea un recuerdo, una experiencia y una enseñanza.

Diego Gastón Sfardini escribía esto un 15 de Octubre de 2016, desde una de las habitaciones del Hospital Argerich. Allí lo conocimos, y supimos de su historia. La contamos y lo acompañamos en la escritura del capítulo más difícil, que finalmente tuvo un final feliz.

Tras nueve meses de internación, a la espera de un corazón para poder seguir viviendo, finalmente pudo concretarse el trasplante hace unos 20 días. La operación, dirigida por el Dr. Ricardo Marinchino, fue un éxito. Y la recuperación post operatoria, que incluyó un montón de estudios y evaluaciones, fue aprobada satisfactoriamente. Y el Viernes, Diego emprendió su regreso a casa.

“Voy a ser uno de los pocos en disfrutar el embotellamiento de Panamericana del Viernes a la tarde” bromeó mientras hablaba con CampanaNoticias, y nos contaba su ansiedad por el reencuentro. Ese que tenía en primera fila a su pequeño hijo, el cual extraña más que a nada en el mundo, y anhela recuperar todo el tiempo perdido.

Pero además, Diego continuará con un legado que ya le es propio. Concientizar sobre la donación de órganos. Para ello, creó su propia fan page “De Corazón”, en donde comparte historias parecidas a la suya, que esperan tener el mismo final.

Esta historia encuentra un punto final, desde las letras. Ahora, le toca al protagonista (a quien ya consideramos un amigo) seguir escribiéndola. Habrá fotos, proyectos, y parrillas, por supuesto. Y en una suerte de extraña contradicción, ese corazón por el cual tanto esperó, espera a su vez y desde ahora, ser colmado de emociones y sentimientos que todavía merecen ser vividos.

Fuente: http://www.campananoticias.com/noticia_amp.php?id=42199