13 Mar

Eduard Pla Ferrer En 2001 acogió, durante un año, a una niña con leucemia, que viajó desde Rumanía a Barcelona para recibir el tratamiento. Aquel año entró en contacto con la enfermedad y, junto a su mujer, decidió hacerse donante de médula.

“Creo en una sociedad en la que todos aportan su granito de arena”

Un banco mojado en pleno centro de Barcelona. Ese fue el escenario donde conocimos una de las tantas historias que se esconden tras las cifras de donantes de médula. Aquel día nos levantamos con la esperanza de que el tiempo respetase el lugar donde queríamos hacer la entrevista: en la calle, con el hospital Sant Pau -donde Eduard Pla Ferrer donó médula ósea– de fondo.

Nada parecía indicar que el tiempo nos daría una tregua. Desde el amanecer las gotas caían lentamente consiguiendo penetrar en nuestros abrigos y manchar los objetivos de nuestras cámaras. Aun así, no perdimos la ilusión y quisimos esperar hasta el último momento. Pocos minutos antes de poner nuestras cámaras en funcionamiento y justo con la llegada de Eduard, como si de un superhéroe se tratase, el mal tiempo nos dio un respiro.

Dejó de llover. No cayó una gota mientras duró la entrevista.

Después, cuando se apagaron las cámaras y los micrófonos, volvió la lluvia.

Eduard Pla siempre sintió que debía ayudar y darse a los demás. A los 18 años se convirtió en un donante de sangre habitual. Con el paso del tiempo y viendo que esto no era suficiente descubrió ACAIR, una ONG que ayudaba a la infancia más desfavorecida de Rumanía. Tras conocer esta realidad, Eduard decidió viajar hasta allí. De este viaje no solo regresó con el impacto de unos niños con escasos recursos y un difícil pronóstico, sino que también lo hizo junto a una familia que buscaba en España un tratamiento para su hija enferma de seis años. Durante doce meses, convivió con una enfermedad que solo nombrarla asusta: la leucemia. Así, se acercó a una situación que, por aquel entonces, no estaba tan presente en nuestra sociedad.

Una vez finalizado el tratamiento, la familia regresó a Rumanía. Eduard se despidió de ellos, pero no del sentimiento de darse a los demás. Sentía y “necesitaba más que nunca canalizar sus ganas de poder ayudar”, esto no era suficiente. Así conoció la Fundación Josep Carreras. A través de la organización y junto a su mujer comenzó el proceso para ser donante. Unos papeles, unas firmas y una muestra de sangre, nada más. Nuestro héroe y su mujer ya formaban parte de una base de datos en la que podían salvar la vida de otras personas, solo faltaba materializarlo.

El instinto que desde joven desarrolló Eduard no ha desaparecido con el paso de los años. Para el donante de médula cualquier detalle, por pequeño que sea, puede cambiar el mundo. “Hay gestos muy sencillos que tienen un efecto multiplicativo, aquello que hemos recibido gratis deberíamos compartirlo de la misma manera”. Así resume él su papel con respecto a la leucemia.

En el caso de Eduard, sí pudo completar su donación de médula. Algo que ocurre sólo en un 0,04% de los casos, basándonos en los datos de 2015 de la Organización Mundial de Trasplantes. Una llamada inesperada, después de más de una década de ese proceso que había realizado en la Fundación Josep Carreras le anunciaba que había un receptor 100% compatible.

Eduard acudió al hospital a concretar la donación. Al día siguiente, cuando aún estaba recuperándose de la extracción de células madre recibió una noticia: “Hemos hablado con el equipo médico que realizó el trasplante y ha ido todo perfecto”. Ahí tomó conciencia de la trascendencia de su pequeño gesto y le deseo lo mejor al receptor. Nunca supo nada más de aquella persona. Tampoco le hizo falta. “No necesito ningún tipo de reconocimiento ni de agradecimiento concreto. Yo creo que es un gesto de solidaridad y de gratuidad”, asegura nuestro Héroe Anónimo.

“Convertirse en donante debería pasar de extraordinario a algo cotidiano. Yo animo a formar parte de este colectivo”, concluye Eduard. Y como si el mal tiempo escuchara sus palabras las gotas comenzaron a mojar nuestros abrigos y empañar de nuevo nuestros objetivos.

Los héroes esconden súper poderes que ni siquiera sospechan tener.

Fuente: http://heroesanonimos.com.es/eduard-pla-ferrer-donante-de-medula/