27 Ago

Cuando estaba embarazada de Kevin le detectaron Lupus. Hace 5 años recibió un rinón y hoy quiere donárselo a él.

Cristina Ruíz Díaz tiene 41 años. Hace 5 años le trasplantaron un riñón después de 10 años ininterrumpidos de diálisis. El riñón se adaptó bien a su cuerpo y comenzó una vida normal. Pero su felicidad duró poco. Su hijo menor de 19 años sufre desde hace tiempo una extraña dolencia llamada enfermedad de Berger que provoca trastornos renales. Y el desenlace es inevitable: Kevin comenzará diálisis y también necesitará un trasplante. Cristina terminó una lucha y comienza otra. La de buscar un donante para su hijo.

Vive en la pintoresca localidad de Gaiman, donde reside la mayor colonia galesa del país, la que en 1995 visitó la princesa Lady Di.

Tiene otro hijo, Brian de 21 años. Y junto a su esposo Javier Navarro le dan una nueva pelea al destino. “Soy una mujer que no se entrega. Lo aprendí cuando a los 21 años y embarazada de Kevin me descubrieron la enfermedad llamada Lupus. Después tuve que empezar con diálisis. Fueron 10 interminables años, 3 veces por semana durante cuatro horas. Me pregunté por qué a mi. Y mi doctora me cambió la pregunta: “Mejor preguntante “y por qué no a mi”. Me hizo reaccionar de otra manera. Y enfrentar con fuerza la realidad”.

Joven aún, el de Kevin es otro desafío que la vida le pone en el camino. Ella fue abandonada por sus padres biológicos y adoptada por un matrimonio al que siempre amó. Sobre todo a su padre que falleció cinco días antes que ella empiece con la diálisis. Perdió dos embarazos (uno de ellos de seis meses) y debido a su enfermedad que le daba muchas convulsiones, tuvo problemas de memoria. “En medio de mi dolencia y antes del trasplante decidí terminar la secundaria. Le dije a mi esposo que era la única manera de poder llevar adelante lo que me estaba pasando. También hice un curso de cocina. Pero las convulsiones afectaron mi memoria y hay recetas que prácticamente se me borraron”, le dijo a Clarín en su casa de Gaiman.

“Pero ahora lo único que me importa es que Kevin salga adelante. Yo ofrecí darle mi riñón trasplantado aún poniendo en riesgo mi vida, pero medicamente es imposible. Ya viví cosas que él todavía no pudo. Fui al colegio, me casé, tuve hijos. Tendremos que esperar con ansiedad ese llamado telefónico salvador, como me pasó a mi. Yo estoy segura que va a llegar”.

Por ser adoptada, Cristina no conoce a ningún pariente biológico. Cuando supo que necesitaba un trasplante, su marido se hizo análisis de compatibilidad. Y casi sin esperarlo les dieron positivo. Pero a esa altura, la familia ya sabía que Kevin iba camino a lo mismo. “Entonces le dije a mi marido que en su momento le donara el riñón a nuestro hijo. Yo estaba dispuesta a esperar”.

Cristina recibió hace cinco años un riñón de un donante cadavérico. “No se nada de su familia. Pero me gustaría encontrarla para abrazarla y darle las gracias”, dijo. Pero hay más tropiezos para esta familia. El padre no podrá donarle tampoco el riñón a su hijo. Hace un tiempo le aparecieron cálculos renales y debió ser operado. Sus riñones ya no son aptos para un trasplante.

Con este destino, nadie de la familia se rinde. Kevin debió dejar de estudiar por su dolencia pero sigue adelante. Tiene novia y hace una vida normal esperando el momento de la diálisis y del trasplante. Su hermano Brian trabaja de empleado para ayudar a la familia. Y Cristina colabora con grupos de gente que sufren dolencias que necesitan de un trasplante. Siempre con una sonrisa y una frase que repite hasta el cansancio: “Que la gente tenga conciencia de lo que es donar. Es vida. Y te toque como te toque, no hay nada más lindo que vivirla”.

Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/Madre-lucha-trasplantada-ahora-organo_0_1639036293.html