19 Jun

Nota a Maria Caamaño

A muchos nos corre un frío por la espalda cuando escuchamos hablar de la donación de órganos. Y es lógico. A nadie le gusta hablar de la muerte. Sin embargo, es un tema que, como cualquier otro, tiene dos caras. Y hete aquí que la otra cara de este tema es la VIDA. Porque cuando uno da, otro recibe, y en este caso se recibe la posibilidad de seguir viviendo.

En nuestro país actualmente hay más de 7.500 personas en lista de espera, de los cuales más de 200 son niños.

Hace unos meses, participé de un proyecto en el que tenía que colaborar juntando firmas para un petitorio en el que se solicitaba al gobierno más campañas informativas. Al conversar con la gente a quienes les pedía colaboración, me asombró el grado, no sólo de desinformación sobre el tema, si no las fantasías que existen alrededor de él. Lamentablemente, hay mucha ignorancia, y ella trae consigo miedo. En ambos factores es que se fundamenta la falta de donantes.

Existen mitos que considero importante erradicar. Es por ello que quisiera compartir con ustedes algo de información. En primer lugar, la gente suele desconocer las condiciones necesarias para que un trasplante sea viable. Muy pocos saben que para poder donar órganos, uno debe morir en la terapia intensiva de un hospital. Esto es así ya que es la única forma en la que puede mantenerse el cuerpo artificialmente. Asimismo, uno debe tener muerte cerebral. Esto no significa estar en coma; sino que es el estado fisiológico que se caracteriza por ausencia completa y permanente de actividad neuronal y de respiración espontánea. El corazón continúa latiendo por efecto de una droga llamada Dopamina y un ventilador mantiene la circulación sanguínea, pero la pérdida de la función cerebral constituye muerte total e irreversible. A este diagnóstico se llega en forma precisa y sin lugar a dudas a través de estudios médicos, como el electroencefalograma. Estas condiciones tienen como resultado que sólo 5 de cada 1000 donantes registrados puedan llegar a donar sus órganos. Es por eso que es de vital importancia que más personas se registren como donantes de órganos y tejidos.

En lo que respecta a la donación pediátrica, el panorama se torna más crítico, ya que hay aún menos donantes. Es comprensible. Cuesta mucho tratar el tema con padres que han sufrido la peor pérdida imaginable. El dolor es inmenso y es muy difícil tomar cualquier tipo de decisión en ese momento. Sin embargo, quisiera compartir mi experiencia con ustedes respecto de este tema.

Hace meses soy miembro de un grupo de personas que colaboran con familias que tienen hijos en lista de espera, algunos de ellos conectados a un corazón artificial en el Hospital Garrahan. Ese grupo, recientemente se transformó en fundación, la Fundación Continuar Vida. Desde allí, vemos la lucha cotidiana de estos chicos, la tortuosa espera de sus padres, cuya desesperación aumenta con el paso de los días, y el llamado milagroso del Incucai que no llega. Es realmente desolador lo que se ve a medida que la vida se les escapa a niños tan pequeños. Pero entre todos podemos cambiar esa realidad.

Es por eso que desde Fundación Continuar Vida hacemos todo lo que está a nuestro alcance para generar conciencia sobre la donación de órganos.

Invito a los lectores a sumarse, a correr la voz de que ¡donar órganos salva vidas! No olvidemos que ante la pérdida irreparable, parte de ese maravilloso ser que se fue puede seguir viviendo en otro niño… latiendo en otro niño… respirando en otro niño.