17 Nov

Maxi tiene 23 años. A los 17 le diagnosticaron leucemia y necesitó un trasplante de médula ósea. La importancia de registrarse como donante.

“Hay un argentino”, le anunciaron.

El rastreo mundial había comenzado apenas horas antes. Los resultados arrojaron que también un alemán podría ayudarlo. Pero este argentino guardaba en una serie de genes del cromosoma 6 una compatibilidad exacta con él. Una coincidencia que no tenía ni con su hermano. No sabía su nombre, si era varón o mujer, qué edad tenía, de qué trabajaba, en qué provincia vivía. Maximiliano Lenta solo era consciente de que lo necesitaba para seguir viviendo y confiaba en que ese desconocido iba a hacer lo posible para que eso ocurriera.

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Hospital de Clínicas. Servicio de Hemoterapia. 3° piso. Había llegado hasta allí a donar sangre para un amigo. Tras la extracción, le ofrecieron información sobre el Registro Nacional de Donantes de Células Hematopoyéticas. “Mi deseo de ayudar me inspiró a integrarlo”, confiesa.

Tiempo después, en marzo de 2012, recibió un llamado del Incucai. Su perfil era compatible con el de un paciente que necesitaba un trasplante de médula ósea. No sabía su nombre, si era varón o mujer, qué edad tenía, de qué trabajaba, en qué provincia vivía. Javier Flores solo era consciente de que ese desconocido lo necesitaba para seguir viviendo e iba a hacer lo posible para que eso ocurriera.

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El registro nacional cuenta con 168.000 inscriptos. ¿Cuáles son los requisitos para integrarlo? Tener entre 18 y 55 años, un peso mínimo de 50 kilos y no poseer antecedentes de enfermedades cardíacas, hepáticas o infectocontagiosas.

Lo único que hay que hacer es acercarse a un centro de donantes(funcionan en los servicios de hemoterapia de diversos hospitales del país) y donar una unidad de sangre de la que, tras firmar una autorización, se extraerá una muestra para realizar el análisis del código genético. Esa información se ingresa a la base del registro nacional, que a su vez integra una red mundial con casi 29 millones de donantes. El voluntario solo será convocado a donar si alguien 100% compatible con él lo necesita.

“La médula ósea es como la sangre: autorrenovable. No es como el riñón que donás y te quedás con uno solo. La donación de médula es la donación de células hematopoyéticas. Y para que a uno lo ingresen en el registro solo se necesita una muestra de sangre para que la estudien y listo. Los famosos mal llamados bancos de médula en realidad son registros en la computadora de donantes voluntarios. Se los cita y se los llama solo en caso de necesidad”, explica Eduardo Bullorsky ex jefe de Hematología (y actual consultor) del Hospital Británico y responsable de la ejecución del primer trasplante de médula ósea del país hace 30 años.

En marzo de 2017 se cumplirán cinco años del trasplante de médula ósea que recibió Maximiliano Lenta.

Los hermanos son los mejores donantes para alguien que necesita un trasplante de células progenitoras hematopoyéticas (CPH). Pero las chances de ser compatible con un familiar son una en cuatro. Y se reducen dramáticamente a una en 100.000 con quienes no se comparte ese lazo. Es que las diferentes poblaciones cuentan con importantes variaciones genéticas, dentro de las cuales se encuentra el sistema mayor de histocompatibilidad (HLA). Precisamente en eso radica la dificultad para encontrar donantes histoidénticos no emparentados. Cuanto más inscriptos haya en los registros internacionales, menos complicada será hallar coincidencias.

“Nuestro banco es relativamente joven, arrancó en abril de 2013, pero estamos en continuo crecimiento. Nuestro país tiene muchas etnias, por eso buscamos la diversidad para que haya un donante argentino para cada paciente argentino”, sostiene Belén Rodríguez Cardozo, directora del registro nacional, que integra junto a la Red Mundial Bone Marrows Donors Worldwide, con casi 29 millones de inscriptos. Durante 2015 se realizaron en el país 113 trasplantes con donantes no emparentados.

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La leucemia es un tipo de cáncer que ataca las células formadoras de sangre en la médula ósea. Cuando el médico le preguntó a Maxi si sabía lo que era, él respondió que sí, algo, “como cualquiera que podía haber escuchado hablar de la enfermedad”, suelta con una risa que revela que en realidad sabía poco y nada. Su tonada cordobesa fue moldeada a fuerza de haber nacido en el pueblito santafesino de Suardi, en el límite entre ambas provincias. De hecho, el día que amaneció con un ganglio muy inflamado en el cuello, su mamá lo acompañó al hospital de Morteros, en Córdoba.

Maximiliano Lenta resultó compatible con un donante argentino que integraba el registro de donantes de CPH.

“Me hicieron análisis de sangre y algo raro notaron. El médico que me atendió nos aconsejó continuar los estudios en forma urgente en la ciudad de Córdoba. Allá me extrajeron un ganglio, hicieron la punción para confirmar, pero ya daba que era leucemia”, recuerda Maxi, hoy de 23 años. Cuando le diagnosticaron la enfermedad (leucemia bifenotípica, una de las menos comunes) transitaba los 17 y estaba en el último año de la secundaria. Lo primero que preguntó era si tenía cura. Le respondieron que sí y ese mismo día quedó internado.

Pasó dos meses en aislamiento mientras le realizaban quimioterapia. En su sala todo debía ser aséptico porque su sistema inmunológico estaba tan deprimido que era un riesgo ponerlo a luchar aun contra el más inofensivo de los enemigos. La computadora, el televisor y el teléfono fueron sus compañeros tecnológicos. Dice que de la cabeza siempre estuvo fuerte.

“Cuando me hablaron de trasplante pensé ‘me van a abrir’. Y no, era una transfusión, igual que como me pasaban la medicación.”

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El de Maxi es uno de los tantos casos de personas a las que año a año se les diagnostican enfermedades hematológicas como leucemia, anemia aplástica, linfoma, mieloma, errores metabólicos o déficits inmunológicos. Esas patologías pueden requerir un trasplante de CPH, más conocido como trasplante de médula ósea. Las CPH son células madres encargadas de producir glóbulos rojos y blancos, y plaquetas.

En una primera etapa, al paciente se le destruyen las células enfermas a través de tratamientos que combinan quimioterapia y/o rayos. El reemplazo por células sanas puede realizarse mediante un trasplante autólogo (con las células del propio paciente, indicado en algunos casos), familiar (cuando hay un integrante de la familia histoidéntico) y la última alternativa es la del donante no emparentado: es decir, buscar la posibilidad de encontrar un voluntario compatible en el registro mundial de donantes.

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El análisis realizado sobre la muestra extraída al hermano de Maxi reveló que no eran compatibles. La posibilidad de salvar su vida no estaba dentro de la familia. Era momento de ampliar la búsqueda. Desde el Hospital Privado de Córdoba salía entonces la solicitud al Registro Nacional de Donantes de CPH, que funciona dentro de la órbita del Incucai.

“La unidad de trasplante del hospital manda al registro la solicitud de búsqueda preliminar, acompañado con la histocompatibilidad del paciente y el DNI. En 24 horas realizamos la comparación con el banco mundial y respondemos cuáles serían los potenciales donantes para ese paciente”, explica Cardozo.

Identificados los potenciales donantes -no siempre se hallan-, se los convoca para tomarles nuevas muestras, que se envían a un laboratorio para la tipificación de alta resolución. En el caso de que sean candidatos del algún país del exterior, la sangre se manda a estudiar a Estados Unidos. Los resultados demandan 15 días. Si se encuentra alguno histoidéntico se informa al hospital.

En marzo de 2017 se cumplirán cinco años del trasplante de médula ósea que recibió Maximiliano Lenta.

Sea aquí o en el exterior, el proceso es el mismo. Una vez seleccionado el donante, se le practican estudios para chequear que esté en buenas condiciones de salud. A menos que haya un requerimiento explícito de la unidad de trasplante, la forma de extracción de las células es a elección del donante. Puede ser por extracción de sangre o por una punción en la médula ósea (a evitar confusiones y fantasmas: ¡no es la médula espinal!). En el primer método se estimula al donante en forma ambulatoria con inyecciones durante cinco días para que las células salgan al torrente circulatorio y poder colectarlas. En el caso de la punción no es necesario, se hace con anestesia general y requiere una internación de dos días. Ambos son métodos seguros que no suponen ningún riesgo para el donante. Ni donante ni receptor deben viajar, ya que las células son transportadas al lugar en el que se encuentra el paciente.

Javier eligió donar por aféresis (extracción de sangre). La estimulación le permitió lograr los valores requeridos. “Las células fueron extraídas en un proceso que duró un par de horas, a través de la conexión a una máquina en un centro especializado. En ningún momento sentí dolor y la recuperación fue prácticamente inmediata”, sostiene este técnico del Museo del Cine, de 51 años, que agradece haberse sentido contenido y cuidado durante todo el proceso por el personal del Incucai. En ese momento no tenía idea de quién recibiría sus células. “La sensación es de una gran satisfacción por haber hecho lo que creo que correspondía. La responsabilidad de ayudar a alguien con el que se tiene una compatibilidad sanguínea del ciento por ciento me hace pensar qué magnífica e impredecible es la vida”.

Si bien muchas veces se organizan campañas para encontrar donantes para chicos que necesitan un trasplante, Cardozo subraya que las colectas nunca son dirigidas. “Los chicos sensibilizan y hay muchas patologías hematológicas en la infancia, pero cuando uno dona, dona para cualquier persona”.

El estar inscripto no significa un compromiso irrevocable. Llegado el caso, el voluntario puede negarse a donar. Sin embargo, esa situación prácticamente no se da. “Es un acto totalmente altruista. Hay un compromiso total. No se puede explicar cómo se desespera el donante por tratar de salvar esa vida, es maravilloso”, se enorgullece la directora del registro.

A 30 años del primer trasplante, Bullorsky identifica cuatro avances significativos: las mejoras en la técnica (en la actualidad se puede extraer CPH a través de la sangre, sin necesidad de tocar la médula) y en el manejo de las complicaciones infectológicas; además de la creación de registros internacionales y la nueva opción del trasplante haploidéntico (que puede realizarse con un donante 50% compatible). “En Argentina se trabaja en serio. Siento un enorme respeto por los colegas y amigos del Incucai, porque muchas de las cosas que hacemos sin ellos serían imposibles.”

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Maxi recibió las células de Javier en un proceso que no demandó más de dos horas. “No sentí nada. Al rato ya estaba con la computadora. En marzo se cumplen cinco años del trasplante y gracias a Dios no tuve nunca una recaída”, dice el joven que el semestre posterior al trasplante terminó la secundaria y hoy está a punto de recibirse de técnico en mecatrónica en la Universidad Tecnológica Nacional, donde también estudia la carrera de ingeniería electrónica.

Pasado el año del trasplante, se puede solicitar al registro la liberación de los datos. Maxi lo hizo. “No me conocía e hizo algo para que yo siguiera vivo”, dice. A Javier el contacto le permitió completar un circuito que había comenzado tres años atrás. “Rememoré la ilusión y el vértigo experimentados por aquellos días. Guardo por él un gran respeto y admiración por haber decidido luchar por todo lo que quiere a fuerza de esperanzas”.

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El viernes 18, de 14 a 17, en el Hospital Británico (Perdriel 74) se realizará un evento junto con el Incucai, en el que especialistas disertarán sobre el desarrollo de este tipo de trasplante en Argentina, experiencia y estado actual del registro nacional de donantes no relacionados.

Fuente: http://www.clarin.com/buena-vida/salud/conocerme-hizo-siguiera-vivo_0_1688231258.html