07 Sep

Hace un año, Mirta Orellana decidió someterse al trasplante, un caso inédito en Neuquén por haber sido entre personas sin vínculo familiar.

En 2003 los riñones de Luis dijeron basta a causa de una hipertensión arterial. Estuvo 10 años en espera en el Incucai. La jueza que autorizó el trasplante dio por acreditado “el trato familiar y cariño existente entre el donante y el receptor”.

“Es una mujer muy valiente y solidaria, con valores muy fuertes, le estaré por siempre agradecido”, afirma emocionado Luis Vignes, de 44 años, al referirse a su amiga Mirta Orellana (47), quien el 2 de septiembre de 2014 le donó un riñón en una intervención quirúrgica que se realizó exitosamente en una clínica de esta ciudad. Ambos se criaron en una chacra de Campo Grande, provincia de Río Negro.

Durante once años, Vignes debió someterse a tres sesiones de diálisis por semana a causa de la hipertensión arterial que sufría, lo que transformó su vida en un verdadero calvario. Su nombre figuró más de diez años en la lista de espera del Incucai para recibir un riñón. Ni la madre ni los nueve hermanos de Luis eran compatibles para acceder al trasplante.

La relación entre Luis y Mirta nació cuando la madre de ella murió después de dar a luz. Su padre trabajaba en las chacras y, ante la imposibilidad de criar a sus diez hijos, decidió entregar a la pequeña a los abuelos de Luis. “Mis abuelos fueron sus padres del corazón. Crecimos juntos. Para mí es como una tía hermana”, señala Vignes, quien estudió Abogacía –que no finalizó- y Agronomía y desde hace varios años es empleado de la municipalidad de San Patricio del Chañar, donde vive actualmente.

Recuerda que su padre trabajaba como camionero en las chacras de la zona, su madre era jornalera, su abuela lo hacía en un galpón de empaque y su abuelo fue uno de los que construyó el puente dique Ballester. Con una mezcla de dolor y resignación, dice que sus padres se separaron cuando él tenía 10 años. “En ese momento me aboqué mucho a mis hermanos, porque mi mamá tuvo que salir a trabajar. Los cuidaba, cocinaba y limpiaba. Tratamos de mantener un ambiente bien de familia”, comenta.

Además de acompañar a sus hermanos y ayudar en las tareas de la casa, Luis despuntaba su pasión futbolera. Confiesa que no se arrepiente de nada de lo que hizo en sus 44 años, pero sí de no haber seguido jugando al fútbol de 8 o de 10. “Jugué en Obrero Dique y en Deportivo Chañar, y cuando fui a la universidad en General Roca jugué en el Deportivo Roca y en los 80, en Cipolletti”, enumera.

Vignes tuvo distintos cargos en el Municipio, como en el Concejo Deliberante de El Chañar. En mayo de 2003, quedó en medio de una fuerte disputa política entre el intendente y algunos concejales, lo que le provocó un pico de presión. “Me acuerdo que un médico me preguntó si sabía lo que era una diálisis. Ahí empezó mi largo calvario. Se me empezó a caer mi vida, porque ya no es lo mismo tu vida y tu trabajo cuando tenés que someterte a tres sesiones de diálisis por semana. Por suerte recibí el apoyo de mis compañeros de trabajo y de los intendentes. Sin embargo, mi carrera se estancó. A esto se sumó que cuando enfermé, me separé de mi esposa”, describe el hombre que tiene tres hijos de 5, 22 y 24.

Hace más de tres años, Mirta -vive en Cinco Saltos- perdió a su hijo y al mismo tiempo se enteró de la enfermedad de Luis. “Yo le voy a donar un riñón para que pueda tener una mejor vida”, le dijo Mirta a la madre de Luis. Pasaron unos meses y ella siguió con la idea de donarle un riñón. “Soy una persona de palabra, eso me lo enseñaron tus abuelos”, le aclaró.

A partir de ahí, comenzaron juntos un periplo de estudios médicos, que arrojaron un grado de compatibilidad alto, y presentaciones ante la Justicia neuquina que, a mediados del año pasado, en un fallo inédito autorizó el trasplante de un donante vivo sin relación de consanguinidad o parentesco con el receptor.
En su fallo, la jueza Paula Stanislavsky dio por acreditado “el trato familiar y cariño existente entre el donante y el receptor, y sus familias”.

“Estoy muy agradecido a la jueza, al abogado que llevó mi caso, Alberto Kamann, y al equipo de la Unidad de Trasplante Renal del Policlínico Neuquén, a cargo de Beatriz Rizzo”, expresa.

“Yo nunca había bajado los brazos, pero todo ese tiempo me dolía el alma. Sabés que estás mal y que te vas a morir”, precisa Luis.

El día de la charla con LM Neuquén se lo veía feliz porque esperaba ansioso el encuentro de esa noche: “Nos vamos a juntar con mi familia y con la de Mirta para celebrar la vida”.

Fuente: http://www.lmneuquen.com.ar/noticias/2015/9/6/su-amiga-de-la-infancia-le-salvo-la-vida-al-donarle-un-rinon_262652

Por Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar