27 Mar

Matías Mazzucco sufre fibrosis quística y tenía una muy baja expectativa de vida. Después de un trasplante de pulmones y de riñón sigue redoblando su apuesta. Se recibió de médico y ahora ayuda a mejorar el diagnóstico de esa enfermedad.

Matías Mazzucco llegó a este mundo hace 32 años con una extraña enfermedad genética, que hasta no hace mucho tiempo les daba una expectativa de vida de sólo 10 años a quienes la padecían. Se llama fibrosis quística. Básicamente, lo que hace esta patología es que el cuerpo genere secreciones espesas que, al juntarse en el pulmón y en el páncreas, desatan problemas muy serios. Con ese diagnóstico, a los 14 años venció la muerte después de ser sometido a uno de los primeros trasplantes pulmonares pediátricos del país. Y, ya que la vida le había dado tremenda oportunidad, decidió redoblar la apuesta: estudió Medicina, se recibió, y ahora se dedica a mejorar los diagnósticos de distintas patologías (entre ellas, la que él tiene) para llegar a tiempo y optimizar los tratamientos.

Al parecer, este joven de cuerpo menudo y sonrisa constante nunca tuvo en sus planes rendirse ante algo que prometía erosionar su vida con la fuerza de un huracán. Cuando apenas comenzaba su infancia, a los tres años, recibió el diagnóstico de fibrosis quística. Respirar, algo automático y casi imperceptible para la gran mayoría de la gente, se convirtió en un pesadísimo trabajo para él.

En la adolescencia las cosas se pusieron más difíciles. A la memoria de Matías llegan esos días en los que estuvo internado en la Fundación Favaloro, en el año 2000. Fueron 18 meses los que ocupó la lista de espera para recibir un trasplante de pulmón. Su cuerpo estaba rodeado de cables. Ya casi no podía respirar. “Estuve realmente grave”, recuerda.

Aún en sus peores momentos, internado en terapia, nunca dejó de estudiar. Una maestra especial lo visitaba por las tardes y cada trimestre sus evaluaciones viajaban en sobre cerrado hasta el Colegio Sagrado Corazón, donde cursaba la secundaria.

Una vez que tuvo pulmones nuevos, su vida comenzó a mejorar considerablemente. No obstante, en 2008, la fibrosis quística volvió a desafiarlo y su papá tuvo que donarle un riñón.

Pero Matías tenía algo muy claro: iba a convertir la enfermedad en una oportunidad. Como médico, acaba de alcanzar uno de sus máximos logros: viajó a Austria a presentar su última investigación. ¿Qué espera para el futuro? “Vivo el día a día con mucho entusiasmo”, repite el profesional, para el que la esperanza de vida apenas superaba la década. Él ya triplicó esa cifra y se convirtió en el tucumano que más sobrevivió a la patología.

– ¿Qué se siente hacer la residencia en el mismo lugar donde salvaron tu vida hace unos años?

– Es una emoción muy grande. Cuando terminé la carrera de Medicina en la UNT, en 2012, rendí para hacer la residencia en varios hospitales de Buenos Aires. En todos obtuve buenos resultados, pero me decidí por la Fundación Favaloro porque siento que es definitivamente el mejor lugar para mí.

– ¿Por qué elegiste dedicarte al diagnóstico por imágenes?

– Es una especialidad que ayuda mucho al médico en su diagnóstico; a veces puede ser la salvación para un paciente. También hice varias investigaciones que se publicaron en revistas sobre trasplantes pulmonares y otras patologías. Todo esto me ayudó a entender mejor las distintas enfermedades, y por supuesto la mía.

-¿De qué trataba la investigación por la que recibiste una beca para participar del Congreso Europeo de Radiología, en Austria?

– Preparé un trabajo sobre ciertas complicaciones que pueden ocurrir luego de un trasplante de pulmón y que se pueden diagnosticar y controlar mejor a partir de tomografías, en comparación con las fibrobroncospía, la cual es un método mas cruento.

– ¿Pensás volver a Tucumán alguna vez?

– Sí, en muy poco tiempo volveré. Me tiran mucho mis afectos. Sé que tendré que empezar de cero, a buscar trabajo allá. Pero quiero hacerlo. Me gustaría que todo esto que aprendí sobre radiología en cinco años, todos los avances, sirvan para quienes más lo necesitan. Quisiera devolver de alguna manera todo lo que la medicina hizo por mí.

– En los últimos años aumentó la solidaridad de los argentinos respecto de la donación de órganos, ¿creés que todavía nos falta mucho?

– Estamos mejor; hay más concientización. Pero no alcanza.

– ¿Creés que la ciencia seguirá avanzando hasta llegar a una cura para la fibrosis quística?

– La medicina avanza muy rápido, en algún momento eventualmente la cura va a llegar.

– Mientras tanto, ¿cómo te llevás con la enfermedad?

– De 10. Es una compañera más de mi vida que no me impide llegar adonde quiero. Por suerte, mi familia y todos los médicos me ayudaron y me ayudan muchísimo a salir adelante, a sobrellevar la enfermedad y a superarme cada día.

– Recientemente se presentó un proyecto de ley en Tucumán para crear un programa que contenga a quienes sufren fibrosis quística, ¿creés que es fundamental?

– Es esencial que todos los pacientes accedan a la cobertura, ya que sin los tratamientos la expectativa y la calidad de vida para quienes tienen la enfermedad son muy bajas.

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/723291/actualidad/vencer-muerte-fue-apenas-inicio-lucha.html