12 Abr

Queremos compartir con todos ustedes el sentimiento de una de las integrantes de la Fundación Continuar Vida en la provincia de San Juan. Se trata de nuestra amiga Victoria Gravano, quien se encuentra en lista de espera de Incucai aguardando por un trasplante de riñón hace mucho tiempo (mas de 4 años). Ella tiene sesiones de diálisis 3 veces a la semana, con todo el humor ella siempre dice que concurre a un “Spa”.

Vivir con la maleta hecha y el teléfono celular en la mano

Hoy miraba mi maleta, esa que tengo hecha desde hace años y pensaba.. ¿Cuánto tiempo más tendrá que esperar? Y luego mirando el celular en mi mano, dije.. “Y vos.. ¿Recibirás algún día esa llamada tan importante que tanto mi maleta y yo esperamos?”.

Que llegará primero.. ¿La muerte o la llamada?.  Ojalá llegue primero la llamada, por las dudas yo tengo todo listo. ¡Qué alegría máxima se debe sentir ser el elegido y que te digan: “Entraste en un operativo HAY UN RIÑON PARA VOS”!.

Y pensar que un solo cuerpo puede salvar hasta 7 vidas, con todas las muertes violentas que al año ocurren en el país no debería existir la lista de espera, pero acá estamos, esperando el milagro.

En el país hay casi 7800 personas esperando un órgano, no sé actualmente cuantos esperamos un riñon, pero si sé que todos los que esperamos un riñón estamos ocupando un lugar en una sala de diálisis. En mi sala y en mi turno son 16 sillones ocupados. Allí tenemos que pasar al menos 4 horas diarias 3 veces a la semana conectados a tubos que nos unen a una máquina de un metro y medio de altura que cumple las funciones de nuestros riñones arruinados. El lugar permanece en silencio, la mayoría duerme con la ayuda de algún ansiolítico, porque de lo contrario es muy difícil dormir.

La diálisis suele causar mareos, dolores, calambres insoportables. Sin embargo miro el rostro de mis compañeros y en todos ellos veo la resignación forjada por decena de jornadas de padecimiento de las que dependemos para vivir.

Todos tenemos la esperanza de recibir esa llamada para que se acabe este suplicio. Solo esperar ya es un privilegio. Una espera que en nuestro país de puede alargar por décadas, o lo que es peor le gane la carrera la muerte.. “Mientras tanto, yo sigo con la maleta hecho y el celular en la mano”.

Por  Victoria Gravano